En un taller de 30 horas no se forman traductores, eso es indiscutible. Sin embargo, es asombroso lo que puede salir del trabajo colaborativo de los participantes, que con el paso de los días se van haciendo más conscientes de la complejidad y variabilidad del proceso traductor; lo que en un principio parece una tarea metódica y repetitiva, se convierte en un conjunto de experiencias únicas y desafiantes, como sucede siempre que dialogamos con un texto.
Como en toda situación comunicativa, tanto las decisiones del traductor-emisor como la recepción del texto traducido por parte de los lectores están condicionadas por una serie de factores. Según Reiss y Vermeer (1984), la traducción, como toda interacción, está determinada “por la realidad cultural ya dada, por las circunstancias exteriores del momento, por las condiciones sociales y personales de los interlocutores y por su relación histórica”.
Una excelente muestra de que lo sociocultural es un elemento esencial de la traducción es este vídeo que tradujeron los participantes del taller de traducción del Instituto Cervantes de Río de Janeiro. Se trata del vídeo titulado El rey enamorado, del grupo de comediantes argentinos Les Luthiers. ¿Cómo se deben traducir los juegos de palabras, proverbios y referentes culturales para provocar las carcajadas de los espectadores brasileños en el exacto momento en que se ríen los hispanohablantes? No es una tarea fácil, incluso se ha llegado a hablar de la intraducibilidad de este tipo de textos. Sin embargo, aquí podemos comprobar que la traducción puede traspasar las fronteras que separan lo posible de lo imposible y que el traductor tiene el poder de derribar o sortear todo tipo de barreras transculturales. Tal vez nuestros traductores principiantes no hayan alcanzado las soluciones perfectas para todos los problemas de traducción encontrados, pero creo que se ha logrado el efecto pretendido —hacer reír a la gente— y, por supuesto, ha servido como un excelente ejercicio de reflexión sobre la cultura original y la cultura meta.
Os animo a que veáis el vídeo y escribáis vuestros comentarios, sugerencias o críticas constructivas. Si dependiese del traductor, una traducción nunca estaría acabada; pasaría por constantes modificaciones y se transformaría eternamente con el tiempo. Así que, entre todos, podemos explorar las infinitas posibilidades de interpretación y reformulación de este divertido vídeo.
¡Que disfrutéis!